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Los 79 días de la obra de gobierno de Luis Abinader

Por RAFAEL NINO FÉLIZ  

La conducta de buen demócrata del mandatario es también parte de su obra de gobierno en un país acostumbrado a la arrogancia y al abuso desde las élites políticas de casi todos los gobiernos

Pudiera alguien pensar, si la reflexión es ligera y superficial, que unos cuantos meses de gobierno no son suficientes para marcar su obra, medida por sus principales realizaciones. Pensar de tal modo, es como decir que el profesor Juan Bosch no tuvo una obra de gobierno en sus históricos siete meses, cuando un cruel e injusto golpe de Estado le cortó, de repente, el paso hacia el desarrollo, la democracia y la esperanza de un pueblo que recién salía de una férrea dictadura.

Una obra de gobierno constituye un hecho complejo de elementos políticos, económicos, sociales, morales, éticos, cívicos, históricos y de actitudes humanas frente a los hechos que definen las acciones de un hombre de Estado. El ciudadano llamado Presidente es un ser humano cercado por miles de problemas de todo tipo y que no se acaban y que, muchas veces o casi siempre, el día no le da para una agenda que no ceja en su vida diaria. Ésta se eterniza cada día y cada hora.

La obra de un gobierno no es sólo física, constituida por grandes y majestuosas infraestructuras, sino que es también económica, social, cívica, cultural, moral y humana. Por esa razón, la reciedumbre de una conducta ejemplar en la que el hombre de Estado toma una decisión incuestionable frente a un hecho determinado, puede catapultarlo para pasar a la historia de una nación.

La designación de Miriam Germán como procuradora general de la República constituye un elemento fundamental en la parte jurídica, ética y moral en la obra de gobierno de Luis Abinader. Esa mujer humilde, digna, decente y valiente constituye uno de los más altos

símbolos de la dignidad de esta nación. En un momento preciso de la historia, ella fue la respuesta exacta y justa a los desaciertos del poder. Ella, con su ejemplo, logró erigir una torre de dignidad nacional capaz de derribar los grandes muros del poder inmoral. Con su designación, el Presidente inició la reclamada y necesaria obra moral que el país necesitaba y que espera tenga feliz término.

La conducta de buen demócrata del mandatario es también parte de su obra de gobierno en un país acostumbrado a la arrogancia y al abuso desde las élites políticas de casi todos los gobiernos.

En términos materiales, y con la mirada puesta en el futuro mediato e inmediato de la nación, el Presidente Luis Abinader ha iniciado grandes obras que impactarán positivamente en el desarrollo de la nación dominicana y crearán fuentes de empleos para los hombres y mujeres humildes del país. Las obras localizadas e iniciadas en Bahía de las Águilas, en Pedernales; el Puerto de Barahona, ambas para la Región Enriquillo; y el Puerto de Manzanillo, en Montecristi, en la Región Noroeste, tendrán un importante impacto en la economía del país, así como en el desarrollo local de sus respectivas regiones y sus habitantes

 

 

 

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