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El Mal Servicio Público y Privado.

Por 

Hace algunos años quise abrir una cuenta corriente en uno de los bancos nacionales e intenté hacerlo a través de un cheque de otra institución de intermediación financiera y la asistente de la gerente en todo momento me dijo que ello no era posible.

La conversación al respecto se extendió por más de 40 minutos y al final le pido que me deje conversar con su jefa, la gerente de la sucursal, pero la asistente insistió en  que no lograría  nada si hablaba con su superior, porque ella me diría lo mismo.

De todos modos, le insistí que me dejara pasar donde la gerente y cuando le explico la situación la superior de la asistente respondió de inmediato  que de dónde esa joven había sacado lo que decía.

Y como es natural cerca de una hora después procedí a abrir la cuenta bancaria con un instrumento de pago como es el cheque, pero narro esta experiencia para advertir del grave problema de que adolecen los empleados públicos y privados en la República Dominicana.

Igualmente pasa cuando se pide alguna información a una institución cualquiera de la República Dominicana, sobre todo las más grandes corporaciones y la información que ofrecen una y otra recepcionista o representante difieren sustancialmente.

Es en realidad un problema muy grave que afecta a las personas que necesitan de una información certera y veraz para poder hacer sus diligencias con buenos resultados.

Los empleados de los bancos y de otras corporaciones no entienden, pero sí deben saberlo los altos ejecutivos y los propietarios, que si los que tienen la función de proporcionar cualquier información a su cliente o contribuyente  no lo  hacen correctamente, ello lesiona su imagen corporativa.

En lo que respecta al sector público no se le puede pedir peras al olmo, porque el Estado no tiene una política de entrenar a sus empleados por el gran desorden que lo afecta, pero se entiende que el privado sí, lo cual no tiene justificación desde ningún punto de vista.

El problema radica en que la República Dominicana carece de un aceptable nivel de institucionalidad y ésta es la razón de que también el sector privado, que es parte de la misma sociedad, tenga un comportamiento muy similar.

Es un asunto muy grave en virtud de que cuando un empleado, sea del sector público o privado, proyecta inseguridad e incapacidad para tratar al cliente o al contribuyente sale afectada la imagen de la institución del Estado de que se trate y peor aun cuando el caso involucra a una gran corporación que no tiene  nada  que  ver  con un servicio oficial.

Este grave problema, que afecta tanto sector público como al privado, es una de las grandes desgracias nacionales, pero como esto ha pasado a ser  parte del diario vivir del dominicano nadie lo toma cuenta ni le importa, aunque el cliente o el contribuyente  como consecuencia de esa debilidad tenga que dar más vueltas que un trompo cuando tiene que buscar información para resolver un problema de su interés.

No  queda otra cosa que reconocer  que la confusión del rol del empleado publico o privado y su incapacidad para tratar al contribuyente o al cliente son partes consustanciales  de las grandes debilidades del tercer mundo, donde las mismas  no merecen ninguna atención y habrá que sufrirlas durante toda la vida.

 

 

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