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Una buena justicia garantiza la democracia y evita la conspiración

Por RAFAEL NINO FELIZ

 

Pero resulta que los muchachos de la Plaza de la Bandera aman a su país, independientemente de los calificativos que lo definen como un país pobre y con todas las consecuencias de males que implica esa condición sociológica. Esa fue la principal razón por la que los jóvenes ocuparon la referida Plaza cuando se descubrió el fraude terrible y tan espantoso que no pudieron pasarlo como ha sido costumbre.

 Es evidente que no vivimos en Suecia, Canadá o Alemania ni tampoco en otro país con fuertes raíces democráticas donde las leyes se cumplen siempre sin importar quienes estén en el gobierno o en la oposición. Tener a un padre como general no significa tener privilegios jurídicos. El empresario y el obrero son ciudadanos que tienen leyes del mismo tamaño. El que carece de riqueza material, tiene, a cambio, la maravillosa fortuna de las leyes que no tienen colores.

Vivimos en la República Dominicana. Si queremos enmarcarnos en el contexto de lo dicho anteriormente, debemos ponerle los apellidos con los que los organismos internacionales bautizan o designan a nuestro país, para diferenciarlo de los otros países del mundo que tienen otro nivel de desarrollo o económico. Entonces diríamos que nuestro país es, pues, pobre; en vías de desarrollo; en vías de crecimiento; del tercer mundo; o subdesarrollado. Faltan otros calificativos.

Pero resulta que los muchachos de la Plaza de la Bandera aman a su país, independientemente de los calificativos que lo definen como un país pobre y con todas las consecuencias de males que implica esa condición sociológica. Esa fue la principal razón por la que los jóvenes ocuparon la referida Plaza cuando se descubrió el fraude terrible y tan espantoso que no pudieron pasarlo como ha sido costumbre. Con esa acción los jóvenes sacaron la gente a la calle. Ellos representan la fuerza política y cívica más poderosa.

La juventud nos enseñó, y obligó, a leer la nueva sociedad que se ha gestado en el país. La patriótica acción de los jóvenes, en la Plaza de la Bandera, puso de pie a los abuelos y a los padres, ante un hecho abominable como fue la suspensión de las votaciones, debido a un delito electoral.

La corrupción y los crímenes de Estado son tantos, y tan rechazados, que nos llevaría un largo tiempo cubrir, investigar y procesar judicialmente la totalidad de los culpables de actos corruptos y de violar las leyes del país; sin embargo, la democracia depende absolutamente de la aplicación de una buena justicia en cada caso. Si esto no ocurre, la nueva sociedad que se ha gestado con las redes y los movimientos sociales barrerá con los propios instrumentos cuestionados de la democracia. La acción judicial debe ser la tarea fundamental de la nación y su gobierno

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Comentarios: 1
  • #1

    Ramona Paulino (lunes, 16 noviembre 2020 22:43)

    La juventud está en asecha, esperando que se cumplan sus reclamos, somos vigilante de los derechos de los ciudadanos