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El final de Trump y el asalto al Congreso de Estados Unidos

Por RAFAEL NINO FÉLIZ 

El asalto al Capitolio de los Estados Unidos por un grupo de personas fanáticas y violentas, acto organizado por el propio Trump e impropio de un presidente, es uno de los eventos de carácter político más lamentables ocurridos en el mundo democrático.

 

Inicio el presente trabajo citando algunos fragmentos de varios artículos que he publicado sobre Trump en Acento. En algunos trato de analizar la naturaleza de la personalidad de Trump; en otros, jugando a la predicción poética, me atreví a describir la incertidumbre de su futura tragedia. En mi artículo El hombre y la mujer de Estado, trato de abordar la significación que tienen las crisis políticas en las naciones. Cito:

"Tan inherentes son las crisis a los sistemas políticos, que no importa el tamaño y el poderío de la nación. Se puede saltar del poder por una determinada crisis desde una pequeña isla de un continente cualquiera hasta la potencia más grande del mundo". Y más adelante: "El político que se crea que el poder lo puede todo y le asegura eternidad inmerecida, fracasa como simple mortal en su mundo de vanidades, maldades, ilusiones demenciales y locuras." Luego: "El Watergate se llevó a Nixon amortajado en su propio funeral sin que él mismo advirtiera rápidamente en unos segundos el tamaño de la tragedia que lo sepultaba para siempre. ¿A qué distancia estamos del próximo abismo? Nadie lo sabe. Sólo Dios!"

El asalto al Capitolio de los Estados Unidos por un grupo de personas fanáticas y violentas, acto organizado por el propio Trump e impropio de un presidente, es uno de los eventos de carácter político más lamentables ocurridos en el mundo democrático. Aunque todos conocíamos la naturaleza psicológica y sus tristes actitudes como ciudadano, el hecho ha sido lamentado por todos los líderes mundiales y la gente humilde de nuestros pueblos.

Éste es un acto bochorno que retrata el desequilibrio emocional de un hombre cuyo país debió evitar que fuera presidente o ponerle fin, a tiempo, a su mandato, utilizando las leyes y la razón humana. La toma del Congreso, agrediendo su solemnidad y función institucional como instrumento de la democracia, no es el último acto a lamentar de Trump; es la antesala de un futuro trágico e incierto. Él no sabrá cómo salir de la escena como actor

 

 

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