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El humanismo ante un mundo virtual

Por rafael nino féliz

Sin esa construcción afectiva, la vida se aleja de lo humano y se coloca detrás de la conducta animal. 

Desde hace mucho tiempo, lo virtual ha venido ganando terreno. Al inicio, daba la sensación de ficción mezclada con realidad. Ahora lo menos virtual es lo virtual. Lo virtual ha cobrado espacio en todo el quehacer humano. Sólo se ha detenido frente a aquellos espacios puramente íntimos donde las personas conservan la virtud de su esencia de seres humanos. Pero estos espacios también están amenazados por la fuerza indetenible de la virtualidad.

La virtualidad te permite ver desde Santo Domingo el rostro de tu novia caminando por las calles de París, pero jamás acariciarla con tus labios y que ella sienta el calor de tu boca. Un niño de San Martín puede escuchar todas las palabras pronunciadas por su madre, e incluso ver su rostro, quien se fue de viaje a Kenia o Angola, en África, pero jamás será igual a lo que siente ese mismo niño cuando su abuela lo sienta sobre sus piernas, le habla de la esclavitud y le canta una canción que sirvió de sustento al alma de sus ancestros en las plantaciones.

La virtualidad ha impactado en el orden económico y los costos de operación en el mercado; su impacto sobre la riqueza ha sido enorme, pero no ha reducido el índice de pobreza en el mundo. La virtualidad ha unificado la comunicación comercial entre los países del mundo, pero no nos ha enseñado cómo acercarnos al vecino más cercano que sufre impotentemente un dolor humano por una causa que podemos resolver con un pan o una palabra de aliento.

Más allá del mensaje y el canal entre un emisor y un receptor, se necesita la conexión entre el alma y la vida material de la gente. Las interacciones sociales posibilitan la convivencia humana; sin esa construcción afectiva, la vida se aleja de lo humano y se coloca detrás de la conducta animal.

"En California y muchas partes del mundo, los niños están sufriendo una crisis silenciosa en casa y necesitan desesperadamente ayuda. El impacto negativo del cierre de las escuelas está afectando la salud emocional, física y mental de nuestros niños. Los niños se han visto obligados a limitar sus interacciones sociales a un cuadro de Zoom en su computadora, si tienen la suerte de tener una conexión estable a internet". La virtualidad no resuelve los problemas del alma del alma de la gente

 

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