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El acaparamiento de las vacunas y la experiencia para el país

 

Por: RAFAEL NINO FÉLIZ

 

El hecho de que China haya tenido que cooperar con el gobierno dominicano para el suministro de vacunas nos dice que el país tiene que mirar objetiva y cuidadosamente su política de relaciones internacionales. 

El acaparamiento de las vacunas por parte de las grandes potencias en medio de la presencia a nivel mundial de la pandemia del coronavirus y, además, con miles de millones de seres humanos desesperados entre la muerte y el confinamiento, es la peor demostración de la ambición y la falta de justica social en este planeta de enormes desigualdades.

Ni en una de las peores tragedias humanas, como la que actualmente sufrimos, por más de un año de muertes y desesperanza, las élites políticas que dirigen a las naciones más poderosas, no cambian sus actitudes egoístas y ambiciones materiales desmedidas.

Si esta experiencia de la pandemia, que ha sido tan terrible para la humanidad, no ha impactado a favor de un cambio en la conciencia de las élites políticas, sociales, empresariales y religiosas -también sobre los humildes de este mundo-, entonces estamos frente a una triste realidad de la propia humanidad.

Un informe de la OMS de esta semana dice que el 76% de las dosis inoculadas se concentra en diez países, aunque no los clasifica por sus condiciones económicas, ya sabemos que son potencias o llamados países desarrollados y del primer mundo.

Es bueno destacar que a pesar de que la República dominicana gestionó a tiempo la adquisición de las vacunas necesarias para vacunar a su población, fue afectada por la concentración y ambición en la injusta distribución de las vacunas por parte de las grandes y poderosas naciones.

El hecho de que China haya tenido que cooperar con el gobierno dominicano para el suministro de vacunas nos dice que el país tiene que mirar objetiva y cuidadosamente su política de relaciones internacionales.

El mundo de ayer no existe, existe el mundo de hoy. No estamos frente a la vieja política del mercado preferencial del azúcar, sino frente a un mundo multipolar y cambiante; y tenemos que apostar a la política del beneficio mutuo y respeto entre las naciones y pueblos soberanos.

La República Dominicana necesita definir y desarrollar políticas que la conduzcan a ejercer un mayor liderazgo entre las naciones hermanas; y esto no se logra sin la necesaria proyección internacional que debemos hacer de nuestro jefe de Estado, y de su gobierno, quien tiene todas las condiciones para ejercer dicho liderazgo no sólo en la región

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